Recomendaciones


(01) 'Sobre las proposiciones formalmente indecidibles de los Principia Mathematica y sistemas afines', de Kurt F. Gödel

(02) La creatividad surge de razonar diferente y hallar absurdos, de repensar éstos y brindarles coherencia.

(03) Hackear es experimentar con las limitaciones de la sabiduría convencional, y aprender algo más en su lugar.
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lunes, 27 de abril de 2015

GÖDEL

 
·

Feliz cumpleaños, Gödel,
porque sabiendo y, vivo,
pensando así, cautivo
do en forma tan creativa

pudiste a las razones
tener cuan recursivo;
porque soñando, esquivo,
te fiases de tu diva,

domando a ti intuiciones;
y todo aquello exhibo
lejano, y lo percibo
debido a que invasiva,

pensando en tus pasiones,
y axiomas, y elusivo
lo tanto que concibo,
remito en la misiva

perfidia en ilusiones
que indecidible cribo
y a tono, permisivo,
te dono en vía masiva.

27 de Abril de 2015

Nota:  La ö se lee intentando
pronunciar "o" y "u" a la vez.

 

viernes, 15 de agosto de 2014

SOBRE LA POESÍA SUFICIENTE Y NECESARIA, Y LAS IMPLICACIONES EN LA OBSERVACIÓN DEL UNIVERSO

Ha sido planteado un método para la construcción de poemas [¿Cómo escribir un poema?, 3 de Agosto de 2014]. Además, ha sido demostrado que a partir de los 8 pasos sugeridos es posible construir cualquier poema, es decir, que el método expuesto es suficiente para expresar cualquier tipo de idea con cualquier tipo de poema. No tanto por el orden de los pasos, sino por los elementos que componen a los poemas, se admite dicha suficiencia. Brevemente serán señalados los pasos del método:

  1. Pensar en algo para escribir. Donde se establecen las ideas que expresará el poema.
  2. Elegir un ritmo (la métrica). Donde se establece la distribución de las sílabas en los versos (las frases del poema).
  3. Escribir el primer verso. Parafraseando a Paul Valéry, si el trabajo proporciona los trece últimos versos del soneto, el primero nace de la inspiración y sólo de ella.
  4. Escribir el segundo verso, respetando el ritmo establecido.
  5. Decidir de cuántos versos constará cada estrofa (cada párrafo poético).
  6. Decidir la estructura de la rima (la repetitividad de los últimos sonidos en cada verso). Terminar de escribir la primera estrofa.
  7. Verificar la sonoridad de la estrofa escrita leyéndola en voz alta y corrigiendo (reescribiendo los versos) lo que se escuche desagradable.
  8. Escribir las estrofas faltantes y verificar la sonoridad del poema completo, corrigiendo las partes que sea necesario cambiar.

En dicho método es posible encontrar los elementos presentes en cualquier poema. Dicho de otra forma, observando los requerimientos en cada paso es posible entender de qué recursos se vale la Poesía y, en sí, qué la fundamenta.

Han sido señalados en negritas e itálicas los conceptos elementales. Queda necesario tener «ideas», o una filosofía por expresar. Se requiere de un «ritmo», o de una distribución de las sílabas a través del tiempo. También se necesita escribir, es decir, la retórica, la forma de usar las palabras, es imprescindible. Otro elemento de la Poesía es la «rima», o bien, la forma en que el sonido se distribuye en el espacio escrito que ocupa el poema. Nótese, sobre todo en los poemas modernistas, que la rima es independiente del ritmo, aunque se complementan mutuamente, con mayor notoriedad en los poemas clásicos. Finalmente, la Poesía será escuchada por alguien más y debe ser comprensible, de tal forma que se requiere de efectos para la comunicación.

Todo esto constituye el esqueleto de los poemas. Para agruparlos esquemáticamente se ha tomado una estrella de 5 picos, que igualmente podría ser un pentágono de la Poesía:


Cada componente es controlado por medio de algún objeto. Por ejemplo, el tiempo se controla con el número de sílabas de cada verso, o el espacio se controla con el tipo de sílabas al final de los mismos. O bien, si no se controla el objeto en cuestión, es una forma de control ya no regida por el ser humano plenamente, sino regida por la naturaleza misma del texto redactado, de manera espontánea, ya no premeditada en todos sus aspectos.

Entonces, la Poesía depende de la presencia o ausencia de control de diferentes objetos que serán asociados a una estrella, o también pentágono, similar al anterior:


Así, por el hecho de cambiar en un poema alguna de las características de alguno los objetos señalados, sea voluntaria o involuntariamente –aunque el simple hecho de escribir un poema lleva una intención de antemano–, se obtiene un poema diferente. Existen formas ilimitadas de lograr dichos cambios y es ahí donde el poeta encuentra su trabajo y su inspiración.

Un caso notable es el poema «La Serenata», de José Manuel Marroquín:

Ahora que los ladros perran,
ahora que los cantos gallan,
ahora que albando la toca
las altas suenas campanan;
y que los rebuznos burran,
y que los gorjeos pájaran
y que los silbos serenan
y que los gruños marranan
y que la aurorada rosa
los extensos doros campa,
perlando líquidas viertas
cual yo lágrimo derramas
y friando de tirito
si bien el abrasa almada,
vengo a suspirar mis lanzos
ventano de tus debajas.

[fragmento de «La Serenata»]

Cuando se pensaría que ya no existen maneras de hacer cambios en las palabras, tan inamovibles en el diccionario, lo mismo que las reglas gramaticales que dignifican su uso, según las Academias de Lenguas o instituciones afines, José Manuel Marroquín muestra que sin romper con todo ello es posible ejercer un control sorprendente desde la retórica; con mucha más razón es posible explotar la creatividad –que es el acto de pensar de manera diferente a la establecida, de generar cambios– desde la filosofía, o el espacio, o el tiempo, o las formas en que el poema será leído. De estas últimas ya suelen efectuarse recitaciones corales o lecturas individuales de un mismo poema, el cual termina por ser dos tipos de poemas diferentes porque sus efectos de comunicación asimismo lo son.

Entonces la Poesía tiene un poder expresivo ilimitado, apenas sujeto a nuestra voluntad o nuestra desidia para algunas cosas. Porque involuntariamente guardamos silencio cuando estamos callados en la cotidianidad y, sin embargo, estamos ejerciendo un control de las palabras que no están siendo dichas: todos hablamos o callamos poemas queriéndolo o sin quererlo. Incluso una pintura, que también carece de palabras, que también carece de una forma de distribuir la rima, que carece de ritmo, y se lee siempre en silencio porque sólo se ve, y pudiendo representar que no se deseaba representar nada en particular, es una forma involuntaria que termina por construir un poema extraño a partir de cada omisión.

¿Por qué la Poesía puede ser todo? ¿Por qué la realidad tal cual la concebimos es sólo un matiz poético? Porque la Poesía es suficiente para expresarlo todo, cualquier tipo de idea en cualesquiera que sean las formas posibles. Si de momento alguien quiere representar una emoción, una imagen, o cualquier otra cosa, por medio de palabras, rima y ritmo ordinarios, tal que se forme un soneto, entonces será sólo una interpretación de la realidad desde un ángulo, y será una visión válida. Pero a nadie se le niega la realidad y cualquier poema es concebible, de la misma forma que uno lo ve todo al tener los ojos abiertos, sin poder seleccionar las imágenes que deseamos ver: miramos lo bello mientras lo también miramos lo feo rodeando a lo bello, tan sólo para lograr apreciar las diferencias entre beldades y fealdades, y saber así entender cuáles son unas y cuáles son otras.

Un retrato de alguien querido puede transformarse en poemas. Un suceso también. Sin embargo, el retrato y el suceso en sí mismos son poemas, sólo que vistos desde corrientes poéticas divergentes de las corrientes clásicas. Incluso la misma Poesía puede verse como objetos reales, y no con la palabra «Poesía»: suele ser representada universalmente como la flor –de menos la flor– y el canto. Entonces se enunciará el siguiente principio literario, a manera de teorema deducido con argumentos lógicos constructivistas (los 8 pasos de «¿Cómo escribir un poema?») e intuicionistas:


La realidad se conforma de manera
necesaria y suficiente a través de la Poesía.


Sin afán de sonar levemente ingenioso, este principio es derivado de la mera observación científica del fenómeno lírico. Así, en realidad cualquier forma de expresión o inexpresión es una forma poética. Casos anteriores, de personas quizá intuyendo esta conclusión, existen. Basta la contemplación de las fórmulas matemáticas cuya escritura adquiere cualidades bellas de manera misteriosa. El principio enunciado es en realidad una explicación directa de ello: cada símbolo matemático abrevia alguna palabra o algún concepto que, de cualquier forma, puede expresarse con palabras. Entonces, cada expresión matemática es un reducto lógico de palabras abreviadas. Y dado que la Poesía se vale de palabras, cada expresión matemática es un poema sin rima, sin ritmo, quizá, pero con efectos de comunicación tan eficaces que permiten incluso demostrar una distribución estética de los símbolos empleados, a la vez que interpretan fielmente a la realidad.

Las fórmulas matemáticas pueden reescribirse como poemas clásicos sin que éstas pierdan su rigor lógico y, lo que es más, adquiriendo otros formatos sensitivos. A partir del principio observado, tampoco es de extrañarse que el desprecio dado a la Matemática también sea dado a la Poesía, quizá con mayor ahínco respecto a la anterior. Citando a Harry Martinson, tanto la Poesía como la Matemática «hablan un idioma que se adivina» [Poema. 1931, de Harry Martinson] y son difíciles de entender. Por tal dificultad ambas son repudiadas: la primera es temida por ser imprescindible en los estudios escolares; la segunda es simplemente ignorada por casi todas las personas en el mundo.

Dicha complejidad impuesta a la Poesía (y a la Matemática, aunque al final ambas son matices de lo mismo) ocurre como con la persona que no gusta del baile porque no sabe bailar, o de la persona que no gusta de algún platillo porque ni siquiera lo ha probado alguna vez en su vida. Esto es, la Poesía es rechazada porque casi nadie (si no es que nadie) enseña a leer la Poesía, mucho menos alguien la aprende a leer. Lo mismo vale para el Arte, en general, y menos para la Matemática. El caso es, para leer la Poesía sólo se necesita, retomando a Harry Martinson, adivinar. Con más precisión, se requiere suponer qué es lo que el poeta quiso decir, además de poner a prueba dicha suposición para saber si es correcta o no.

Con las adivinanzas ordinarias, la mayoría escritas con rima y ritmo explícitos, se pretende averiguar a qué se refiere la parrafada enunciada. De la misma forma se lee la Poesía, a riesgo de caer en las mismas frustraciones que ocurren con las adivinanzas ordinarias por no lograr entender el significado del texto. Y, lo que es más, con la Poesía llega a ser más frustrante porque no existe, como suele haber en los libros de acertijos, un solucionario explícito tras leerse el poema. Lo más fácil es abandonar la Poesía, hacer de cuenta que no existe, pero se ha demostrado que está en todas partes y que la construimos todo el tiempo: no podemos escapar de ella.

Es más fácil, no obstante, a diferencia de las adivinanzas ordinarias, que los poemas puedan ser entendidos: es suficiente colocarse en el sitio del poeta, preguntarse seriamente qué quiso decir y porqué, para saber el significado de los versos, si los hay, o de la pintura, o de la escultura, o de las fórmulas matemáticas, o de cualquier matiz poético. No existen, a diferencia de lo que suele creerse, muchos significados: sólo existe un significado. Así como sólo se tiene un cúmulo de ideas en un poema, así como sólo un poeta escribe el poema (aunque puede haber poemas escritos por dos personas), y así como las palabras no suelen tener múltiples significados (aunque sí múltiples acepciones), es que el poema no tiene muchas perspectivas, sino sólo una. Si bien, cada quien puede entender (interpretar) lo que quiera, no todas las formas de leer un poema son correctas: sólo hay una forma correcta y es la que el autor decidió exhibir. Esto puede observarse en los pasos de «¿Cómo escribir un poema?»: se deciden versos, rima, ritmo, una sola forma de cada objeto de la Poesía, y no se tiene la indecisión de intentar varias cosas a la vez, a menos que sea la indecisión una decisión de todas formas.

La Poesía se lee, consiguientemente, como se escuchan las frases más comunes y cercanas a la cotidianidad. Al preguntarse «¿Qué hora es?» no se entiende «¿Cuántos patos hay?», sino que se entiende «¿Qué hora es?» y uno responde lo que el reloj señale. En el mismo sentido, si el poema dice «Tengo en mí como una bruma» [Tenho em mim, de Fernando Pessoa], no es factible asumir que el autor se sienta feliz, ni que el encanto rítmico y de la rima sean muestra de dulzura. Si Pessoa enunció que “tenía en él como una bruma”, hay que intentar imaginar cómo se sentiría una bruma dentro de uno, y así distinguir que lo nebuloso de esa bruma sólo sirve para ocultar algo que se desea ver: Pessoa se sentía confundido, tal y como se siente el conductor de un automóvil que atraviesa la niebla en la carretera.

De la misma forma puede leerse toda la Poesía, intentando hallar el verdadero sentido de las palabras del autor. Y si no hay palabras, el verdadero sentido de las imágenes. Y si no hay imágenes, el verdadero sentido de cualquier actitud que tome cualquier persona: todas las actitudes tienen un motivo, incluso el no querer tener motivo alguno es razón suficiente para llevar a cabo alguna acción. En toda la Naturaleza, en todo el Universo hay Poesía que sólo hace falta saber encontrar.

15 de Agosto de 2014

[Esta entrada participa en la XI Edición del Carnaval de Humanidades alojado por @ScientiaJMLN en el blog SCIENTIA]
 
 

sábado, 9 de agosto de 2014

SER RACIONAL


«Manos dibujándose», de M. C. Escher.


«Manos dibujándose» persigue la recurrencia, así como gran parte de la obra de Escher. Y, como él bien concluye, existe un absurdo lógico implicado con dicha cuestión. En el caso de «Manos dibujándose», el absurdo es evidente: no hay una mano de origen.

La resolución lógica de los absurdos –las paradojas– consiste en admitir que se está anteponiendo una idea como verdadera o como falsa (la falsedad es la veracidad de «lo que no es verdadero»), cuando en realidad no tiene sentido tal imposición.

En «Manos dibujándose», la idea antepuesta para construir la paradoja es que “debe existir necesariamente una primera mano”. Admitir esa idea de previamente implica el hallazgo ineludible del absurdo en «Manos dibujándose», porque en la imagen no hay una primera mano. De haberla, la siguiente no dibujaría a la primera, sin embargo lo hace.

Otra forma de observar la paradoja –esta forma es menos común– yace en la siguiente idea antepuesta: no existe una primera mano. Si esto se cumple (siendo lo contrario a la primera idea, es decir, considerando que la primera idea es falsa), implica que ambas son la última mano, lo cual es incoherente: así como con los números, el antecesor y el sucesor no pueden ser iguales; una mano debe ser la primera y la otra, en consecuencia, la última.

Se resuelve la paradoja que representa Escher con «Manos dibujándose» de la siguiente forma:

Prescindiendo del concepto de «orden».

Es decir, el absurdo se resuelve haciendo que las palabras «primero» y «último» no cobren sentido alguno. Si el «orden» carece de significado, no cabe preguntar cuál es la primera y cuál la última mano. ¿Cómo es posible quitarle significado al «orden»? ¿Cómo es que dicho concepto podría no representar nada?

Suponiendo que “somos” una de las manos, al dibujar la siguiente tendríamos que dibujar, a la vez, nuestra propia imagen, porque la mano que nos sucede está dibujándonos según «Manos dibujándose». Pero nosotros ya estamos dibujados. De lo contrario, no podríamos estar dibujando a la mano siguiente. Entonces la mano que nos sucede ya está dibujada (porque ya estamos dibujados) y, finalmente, no queda más dibujo por hacer. En otras palabras, «Manos dibujándose» ya estaba dibujado y no es necesario dibujar nada antes ni nada después de ninguna de las manos. Así, ambas manos fueron dibujadas al mismo tiempo por Escher, y el «orden» en el dibujo carece de significado: es la expresión «al mismo tiempo» lo que expresa la carencia de «orden».

En general, como ya se ha mencionado, la recurrencia genera absurdos. En general, como se ha mostrado, las paradojas se resuelven al prescindir de una idea que en principio parece razonable, pero que en realidad no lo es. Eso muestra Escher con su obra pictórica.


«Cinta de Möbius con hormigas rojas», de M. C. Esher.

Como otro ejemplo, la imagen anterior plantea una paradoja: las hormigas no pueden salir del pequeño universo que la cinta de Möbius constituye. ¿Qué origen tiene aquel universo? No hay principio ni fin. Si tuviera algún comienzo, dado que se trata de una cinta de Möbius, también debe de ser el final, pero eso es contradictorio: el principio va antes del final y no pueden ser lo mismo a la vez.

Sin embargo, si nuevamente se prescinde del concepto de «orden», el absurdo desaparece: así como en el conjunto cuyo único número es el 1, no existe ni primer ni último elemento, igualmente las hormigas se encuentran caminando sobre una única superficie. El universo de las hormigas no tiene anverso ni reverso; sólo tiene una cara.

Quizá ello ocurre con nuestro Universo, el Cosmos, que intentando buscar su origen y su final nunca los encontramos. Quizá hablar del origen del Cosmos es tan falso como hablar de su final y, entonces, en realidad no tiene sentido siquiera preguntarlo porque la pregunta no debería representar nada.

La recurrencia suele asociarse directamente a las paradojas. Es claro: al intentar que exista un «orden» donde no lo hay, donde ello no tiene sentido, se generan las paradojas (porque hablar o pensar con mentiras tarde o temprano lleva a mentiras, según refiere el teorema fundamental de la Lógica).

Por decir, al intentar obtener todos los números naturales se presenta una idea repetitiva, recurrente: siempre hay un número sucediendo a algún número natural. Si se pregunta cuál es el último número natural, no hay respuesta. Decir que un número dado es el último de todos es falso. Decir que, consiguientemente, el siguiente a ese número es el último también es falso. Buscar el final en la lista de los números naturales simplemente no tiene sentido y en realidad no debería cobrar significado alguno dicha cuestión. Siendo racionales, la pregunta «¿Cuál es el último número natural?» debería resultar incomprensible al ser escuchada, tanto como cualquier pregunta absurda, por ejemplo, tanto como «¿Qué comerás ayer?»

No obstante, las palabras tienen significado pleno, independientemente de la pregunta. De ahí que incluso las preguntas absurdas resulten en cierta medida comprensibles. Ya Gödel nos ha mostrado tal situación con su teorema de incompletitud, que dice (con palabras cotidianas)

«Existen saberes verdaderos que jamás podremos acceder.»

En la pregunta «¿Qué comerás ayer?», cada palabra es perfectamente comprensible, y con cierta imaginación toda ella también tiene un significado accesible a cualquiera. Sin embargo, la respuesta es inaccesible: de haberla, implicaría un absurdo. No obstante, según el mismo Gödel y su teorema de suficiencia, «Todas las preguntas tienen respuesta.»

La pregunta «¿Qué comerás ayer?» tiene respuesta, pero es inaccesible a nosotros, los seres racionales. Es inalcanzable dicho saber porque la respuesta a la pregunta no es ni verdadera ni falsa: simplemente no tiene sentido. Cualquier cosa que se conteste es válida: pescado, pollo, cerdo, espinacas, manzanas, etc. Sin embargo, ninguna de ellas es ni verdadera ni falsa, porque preguntar por el futuro en el pasado no tiene significado real alguno, aunque sus palabras sí lo tengan (aun teniendo significado la pregunta misma, con cierta imaginación).

Ha sido resaltada la palabra «real». Porque, al final de cuentas, nuestras nociones de veracidad o falsedad provienen de lo que nos rodea, lo que asumimos como real. Jamás hemos visto que los días futuros sean igualmente días pasados y por ello la pregunta «Qué comerás ayer» es absurda. Tampoco se ha visto que exista algo que se cree a sí mismo, como ocurre con las «Manos dibujándose», y por ello es posible asumir que esa imagen fue la obra de Escher y no de las manos mismas. Ni tampoco se ha visto que la sucesión de números naturales se detenga en alguno de ellos, por lo cual la pregunta «¿Cuál es el último número natural» también carece de sentido, y por ello confiamos que los axiomas de Peano son ciertos. La realidad, lo que podemos sentir, medir, vivir, ver, es la base de la razón, de nuestra cordura.

De tal forma es difícil pensar que existan propiedades imposibles de ser medidas, y que, no obstante, sepamos demasiado sobre ellas. Es absurdo pensar que sepamos lo que ocurre al interior de la caja de Schrödinger (el ser vivo en su interior es irrelevante) cuando ni siquiera la hemos abierto, no obstante existe una aceptación casi unánime sobre los conocimientos místicos que refieren una simultánea condición de vida y muerte. Tanto la vida como la muerte son posibles, pero no simultáneamente: eso es absurdo. Sólo contamos con la posibilidad (jamás certeza) de que alguna de las dos ocurra. Esa posibilidad sí es simultánea, pero ninguna de las dos condiciones ocurrirá a la vez que la otra ya abierta la caja. Preguntarnos sobre lo que ocurre al interior de la caja no tiene sentido, y es tan absurdo como preguntar «¿Qué comerás ayer?»

Igualmente es difícil pensar que sepamos lo que ocurre con los electrones o los fotones cuando no son detectados, y más difícil es pensar que podemos saber especulativamente lo que ocurre donde ni siquiera hemos medido interacción alguna entre partículas que se ha dado a bien llamar “entrelazadas”. Sólo podemos saber que existe una ley respetando el principio de Pauli entre electrones, no importando las distancias, pero es imposible saber qué ocurre previamente: es imposible saber si hay o no información “superlumínica”, porque saberlo lleva a contradicciones evidentes como las planteadas por Einstein. Porque preguntarnos qué ocurre cuando no detectamos una partícula es tan absurdo como preguntarnos «¿Cuál es el último número natural?»

Y se ha mencionado que «hablar o pensar con mentiras tarde o temprano lleva a mentiras». Por ello se insiste siempre en la evidencia: medir, siempre medir. Y quizá pecando en el exceso, «Una imagen vale más que mil palabras», más que mil razonamientos absurdos. Y si es imposible medir, entonces habremos de callar para no errar en lo que podría ni siquiera tener algún significado coherente.

Nadie siente el color rojo como yo lo siento, porque no son yo, sino ellos. O quizá lo sientan como yo lo siento, rojo, pero no son yo y no les evoca lo mismo. Porque sentir es medir con la vida, es real la soledad en el Cosmos: nadie puede sentir como yo siento lo que siento. No obstante, existe alguna pequeña confianza en que algún Escher hizo el universo en el que estamos, que somos hormigas idénticas y que, finalmente, quizá los demás sienten como yo y no lo puedo saber porque eso es un conocimiento inaccesible para mí, alguien que ocasionalmente intenta ser racional.

9 de Agosto de 2014

[Esta entrada participa en la XI Edición del Carnaval de Humanidades alojado por @ScientiaJMLN en el blog SCIENTIA]

 

viernes, 31 de enero de 2014

CIENCIA Y ARTE


La pequeña bailarina de catorce años (1881),
de Edgar Degas.

***


La Ciencia emplea el método científico así:

1. Se tiene una hipótesis, es decir, se asume como verdadera (no de forma definitiva) una idea.
2. Se busca la evidencia (las mediciones corroborables por quienquiera que así lo desee) que determine el carácter verdadero o falso de la hipótesis. Esto es, que la evidencia empate con lo expresado en la hipótesis. Por ejemplo, si la hipótesis dice «1+1=3» y se tiene que «x x, xx», entonces esas dos «x» muestran que 1+1 no es 3.
3. Si la evidencia confirma el carácter verdadero de la hipótesis, entonces la hipótesis se convierte ante las personas en «ley» (porque ante la Naturaleza la hipótesis siempre fue verdadera; siempre fue ley).
4. De lo contrario, la hipótesis se guarda en el baúl de la experiencia como una idea falsa. Esto sirve para no considerarla nuevamente, a menos que sea para realizarle modificaciones tales que den lugar a una nueva hipótesis, así regresando al paso 1.

El método puede tener vertientes como la siguiente:

1. Se deduce a partir de una o varias leyes un teorema.
2. Se busca la evidencia que determine el carácter verdadero o falso del teorema que, por el momento, se considera hipótesis (es más probable que un teorema deducido a partir de leyes verificadas antes como verdaderas sea verdadero, que una hipótesis como sugerencia sin más fundamento que la intuición).
3. Si la evidencia confirma el carácter verdadero del teorema, entonces las leyes que permitieron deducirlo afianzan su carácter verdadero.
4. De lo contrario, alguna, o algunas, o todas, las leyes que permitieron deducir al teorema son falsas -realmente no son leyes-. Entonces se realizan modificaciones a las mismas (según el ingenio del científico que las realice) para concebir nuevas hipótesis que lleven al paso 1. de la primera vertiente del método científico.

Por supuesto, a través de los años y los siglos se han adquirido varias leyes. A la colección de leyes que en conjunto permiten explicar una parte dada de la realidad -lo que existe- se le llama «teoría».

Para describir toda la realidad se pretende que las teorías existentes puedan formar una sola colección que en conjunto explique lo que esté a su alcance, averiguando, además, qué falta por ser descrito (de entre lo experimentado, lo medido).

***

El Arte sigue un método análogo:

1. Se tiene una hipótesis, es decir, se asume como verdadera (no de forma definitiva) una idea.
2. Se busca la evidencia (las observaciones corroborables por quienquiera que así lo desee) que determine el carácter verdadero o falso de la hipótesis. Esto es, que lo observado empate con lo expresado en la hipótesis. Por ejemplo, si la hipótesis dice «El amor es triste en todos los casos» y se tiene que alguien ignorante de la hipótesis está contento por ver a alguien a quien asegura amar, entonces el amor no es triste en todos lo casos.
3. Si la evidencia confirma el carácter verdadero de la hipótesis, entonces la hipótesis se convierte en parte de una «obra de Arte». Así, la evidencia es la obra de Arte. En «La última cena», la imagen es la evidencia que sustenta como verdadera la perspectiva de Da Vinci acerca de la última cena.
4. De lo contrario, la hipótesis se guarda en el baúl de la experiencia como una idea falsa. Esto sirve para no considerarla nuevamente, a menos que sea para realizarle modificaciones tales para concebir una nueva hipótesis regresando al paso 1. La presunta obra de Arte, la que no muestra más que falsedad, es destruida o corregida.

En la Ciencia, la verdad la llevan las leyes. En el Arte, la verdad la llevan las ideas expresadas en una obra de Arte. En la Ciencia, la verdad no la llevan los símbolos, letras o palabras empleados para expresar por escrito las leyes. La obra de Arte es el medio físico (colores, sabores, texturas, sonidos, fonemas y palabras, etc.) útil para obviar las ideas que se confirmen verdaderas a través de las observaciones que en ella misma se ofrecen. Se hace la obra de Arte para hallar la veracidad (o falsedad) de una idea, a la vez que la obra de Arte al ser realizada va expresando poco a poco -sí lo hace- la verdad buscada. Esto equivale a ir deduciendo poco a poco la veracidad de un teorema -que sin ser deducido como verdadero sigue siendo hipótesis- a partir de leyes científicas -asumidas previamente como verdaderas por alguna evidencia obtenida, dado el método científico-.

Por ejemplo, el «David» de Miguel Ángel evidencia desnudo al hombre. A partir de la observación de dicha desnudez se reconoce tal característica como intrínseca a nuestra humanidad, no importando raza ni religión -David es judío-, ni época -aún hoy es posible ver la desnudez de David-, ni cualesquiera otras circunstancias (como que la desnudez sea objeto de prohibición). Asimismo, Miguel Ángel hace notar otras características ocultas: hace patente su homosexualidad y la protege a través del desnudo de David. La homosexualidad de Miguel Ángel puede pasar como una hipótesis que él mismo confirma verdadera a través de su obra de Arte (¿por qué tendría que hacer Miguel Ángel la escultura tal cual la concibió -un David desnudo y atlético- si no es porque encuentra en ello algo atractivo? Hay quienes encuentran incluso en lo repugnante algo atractivo -como Degas lo manifestó en su grotesca bailarina de catorce años-).

La capacidad de ocultar verdades podría ser dada en Ciencia, sin embargo no resulta práctico: si se desea hallar la verdad, es necesario contar con las mediciones e hipótesis de otras personas; al ocultar la verdad se hace difícil que otros puedan confirmarlas con la prontitud esperada: en Ciencia el hallazgo de la verdad es primordial; mientras más pronto, mejor.

En contraste, el poder ocultar verdades a través del Arte es un hábito generalizado. Esto es, se exhiben verdades válidas para todos, medibles por todos; lo que no es medible por todos, el sentir personal, la experiencia individual, se exhibe de forma callada y detrás de la verdad que todos pueden ver en la obra de Arte. También se ocultan los tabúes o las ideas que son prohibidas por algún régimen fundamentalista; la idea verdadera y transgresora puede viajar a través de cualesquiera fronteras por medio de verdades universales que la amparan, como una incógnita inocente.

Nótese que en la obra de Arte la verdad es mostrada de la mano con la evidencia (la verdad en un relato, verbigracia, requiere del relato mismo). En Ciencia, la evidencia y las leyes yacen separadas (las leyes se expresan en papel y los experimentos se efectúan fuera del papel redactado).

El «método artístico» puede tener vertientes como la siguiente:

1. Se realizan obras de Arte a partir de las ideas que otras obras de Arte exhiben.
2. Se busca la imagen, el relato, el poema, el color, el sonido, lo que sea, que determine el carácter verdadero o falso de la idea por exhibir que, por el momento, se considera hipótesis.
3. Si la evidencia expuesta en la presunta nueva obra de Arte confirma el carácter verdadero de la idea que exhibe, entonces la obra de Arte afianza el carácter verdadero de las ideas obtenidas en las obras de Arte de partida.
4. De lo contrario, alguna, o algunas, o todas, las ideas que permitieron elaborar la presunta obra de Arte son falsas. Entonces se realizan modificaciones a las mismas (según el ingenio del artista) para concebir nuevas ideas que lleven al paso 1. de la primera vertiente.

Al basarse en otras obras de Arte se tiene el uso de una «corriente artística» de ideas consideradas verdaderas. También, como en Ciencia, a través de los años y los siglos se han elaborado varias obras de Arte, cuya colección permite explicar en conjunto las diferentes facetas de la realidad, distintas perspectivas y, sobre todo, aquello que convierte a todas las personas en iguales universalmente y aquello que nos distingue a unos de otros. Ese legado que abarca a todas las obras de Arte, análogo a las «teorías» unidas por actuar en conjunto para explicar la realidad, se conoce como «Cultura».

Para describir toda la realidad partiendo del Arte se busca que las obras de Arte existentes formen nuestra Cultura y muestren qué falta por ser descrito (de entre lo ya observado) o por observar (de entre lo ya imaginado).

1 de Febrero de 2014

[Esta entrada participa en la IX Edición del Carnaval de Humanidades alojado por @Diplotaxis en el blog Ciencia y alguna otra cosa]